Leyendas del basquet coruñés

Espacio dedicado al baloncesto histórico de A Coruña

Larry Bird, leyenda del baloncesto coruñés

Seguramente pensaréis que desvarío, y probablemente tenéis razón: Larry Bird no es una leyenda del basquet coruñés. Lo peor es que aunque quisiera no podría serlo.

Vamos a hacer un ejercicio de imaginación. Pensad un momento sobre el escenario que os propongo a continuación. Creo que todos los aficionados al baloncesto conocemos la historia de Larry Bird: una persona con grandes problemas económicos familiares en su infancia, que estudiaba en un instituto de pueblo en Indiana y cuya única distracción era jugar, horas y horas, al baloncesto con su hermano.

Transplantémos esa persona y sus circunstancias a La Coruña en 2020.

Seguramente Larry se las arreglaría para ir a casa de un amigo para jugar a la Playstation, ya que en su casa no tienen pasta para comprarle una ni para pagar la obligatoria fibra óptica para jugar on-line, y pasaría así las horas muertas jugando al NBA 2K20 o al FIFA 2020 con su amigo, el chico de la casa. Pero su profesor de Educación Física le obliga a hacer unas horas de ejercicio a la semana y entonces se ve en la disyuntiva de elegir un deporte: en el instituto hay unas canastas de baloncesto y porterías de futbol…

Como llueve bastante durante todo el invierno, Larry se inclina por el baloncesto. Además, un tipo alto y desgarbado como él no es que le dé muy bien a la pelota con los pies. Sin embargo en el baloncesto es otra cosa: sus dos metros le proporcionan ventaja sobre sus compañeros y uno de sus profesores se dice, en su interior, que ese chaval tiene que ser bueno en esto, así que decide allanarle el camino y buscarle acomodo en algún club federado donde puede explotar el potencial que ofrece.

Los clubs de fuera de la ciudad están descartados pues Larry no tiene presupuesto para los desplazamientos.

Así pues se dirige al Basquet Coruña, ya que ve que tiene una cantera de 650 jugadores, entre niños y niñas, y piensa que en tal multitud debería haber un hueco para Larry.

Primera en la frente: Larry tiene que pagar una cuota mensual indeterminada (este año no sé cual es pero teniendo en cuenta los antecedentes no debería ser baja), tiene que comprarse la equipación oficial del club (camiseta, pantalón, chandal, sudadera y bolsa) y los padres tienen que estar disponibles para los desplazamientos…

Como Larry no tiene recursos para ello, el profesor pregunta si no hay previsto por parte del club ayudas para personas en situaciones especiales, pero la administrativa que le atiende se queda con ojos como platos y le dice que tiene que preguntar a un directivo, pero que cree que no.

Efectivamente unas horas después le llaman y muy amablemente le indican que no y que no es posible hacer excepciones. Que seguramente habrá otros sitios donde estarán encantados de contar con Larry.

Los demás clubes consultados ofrecen un panorama similar: todos ellos cobran una cuota mensual por entrenar, además de la equipación, licencia, etc..

Ante esta circunstancia, el profesor decide no decirle nada a Larry y dejarle que siga jugando a la Play y unas cuantas pachangas con los amiguetes en los recreos…

Asumiendo que hay que pagar, y no poco, por jugar al baloncesto, ¿a qué se destinan las subvenciones municipales, de la Diputación Provincial, Xunta de Galicia, etc…? ¿No se debería destinar parte de este dinero a “becar” a casos como el de Larry? ¿No deberían las instituciones subvencionadoras incluir este requisito, puesto que al fin y al cabo es dinero público el que se percibe? ¿No deberían fiscalizar su destino? ¿No está entre las “obligaciones”, al menos morales, de los clubs divulgar el baloncesto?

Incluso en el caso de que ningún club quiera o pueda “becar” a estos jugadores (o jugadoras, no discrimino por género), ¿no se podría crear un Centro Municipal, Escuela Municipal como las de antes, o algo así, que atendiera casos como el de Larry?

“No money, no basket”. ¿Cuántos Larry Bird habrá aquí?

Seguramente ninguno con sus cualidades, pero ¿a cuántos no tan buenos, pero “decentes”, les estamos cerrando el camino?

 

 

 

 

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