Leyendas del basquet coruñés

Espacio dedicado al baloncesto histórico de A Coruña

Xosé Carlos Rodríguez, árbitro

Xosé Carlos Rodriguez (A Coruña 1967), árbitro del Colegio Coruñés, empezó a pitar en la temporada 81-82. Tenía sólo catorce años cuando comenzó su carrera, que acabó, tras su retirada de las pistas, como Director Técnico del Comité Gallego y comisario de la ACB. Entretanto, cientos de partidos de todas las categorías, desde el minibasket a la Primera B (la actual LEB Oro).

Pero va a ser el mismo quien nos explique su evolución en el baloncesto…

Mi contacto con el baloncesto empezó jugando en el colegio Calasanz, donde estudiaba. Solo duró un par de temporadas porque enseguida se deshizo el equipo y no hubo continuidad. En aquel momento había muy buenos equipos de balonmano en chicos y de voley en chicas. Ambos solían ir a campeonatos de España.

A partir de ahí toda mi vinculación fue con el mundo del arbitraje, en activo, o como director técnico en el comité gallego, y un año de comisario en liga ACB. Y hasta hace muy poco ya fuera del arbitraje con un grupo de amigos pusimos en marcha el CD Los Rosales. Así que mi última aportación al baloncesto, de momento ha sido la de ser directivo de club.

¿Cómo te picó el “bicho” del arbitraje?

A mitad de la segunda temporada estuve dos meses con un brazo escayolado y un cura, el padre Salvador, me animó a que durante ese período arbitrase partidos. Así que allí me fui al edificio de La Terraza un jueves y el sábado ya estaba arbitrando la competición de baloncesto escolar. Sin diferenciar muy bien un balón de una caja de galletas, todo sea dicho.

En el deporte escolar estuve poco. Enseguida me fui a la federación en la plaza de Lugo. Allí descubrí otra realidad viéndoos a los que ya estabais experimentados en el oficio y enseguida me se produjo ese enganche que tenemos en algún momento todos los árbitros y que la gente de fuera no llega a comprender.

Lo que más recuerdo de mis principios es que siempre estaba con la bolsa dispuesto para ir a arbitrar a donde me enviaran. Nunca decía que no a un partido.

Cierto, el enganche existe y es cierto también que lo de tener siempre la bolsa preparada es un clásico entre los que

Junto a Abdul Qadir Jeelani, anteriormente conocido como Gary Cole. La foto corresponde a un torneo organizado en Culleredo en 1986, con la intervención del Saski Baskonia.

 en su momento fuimos árbitros.

¿Qué es lo que recuerdas especialmente de esa época?

Tengo muchos recuerdos, casi siempre buenos. Uno fue mi primer contacto con árbitros de otras zonas y que además estaban en lo que hoy se llama ACB durante la celebración del Campeonato de España Juvenil en Betanzos, no recuerdo el año, pero en el pabellón hay una placa porque lo inauguramos (*). Allí arbitré con Ángel Recuenco, Mateo Ramos y Antonio Gallo. Eso sin duda me dio otra visión de este mundo. Y por supuesto también tengo grabada en mi memoria junio del 89 que fue cuando conseguí el ascenso a la antigua primera división, hoy LEB oro, que también viví hasta el 2004, año en que decidí dejarlo.

(*) El Campeonato de España Juvenil se celebró en Betanzos en junio de 1985.

¿Qué te llevó a tomar esa decisión?

Llega un momento en tu vida en que tienes varias responsabilidades y son incompatibles. Mis hijos eran pequeños y apenas podía dedicarles tiempo y disfrutarlos. Por otro lado tenía mi trabajo que me absorbía mucho tiempo. Al final me costaba mucho trabajo hacer la maleta e irme de viaje a arbitrar y eso hacía que mi concentración en los partidos no fuera como antes. Al acabar la temporada decidí que lo mejor era dejarlo. Las otras opciones que había, dejar de trabajar o dejar a mi familia, no eran planteables. He tenido muchas alegrias en el baloncesto, pero mi mayor satisfacción ha sido tener dos hijos.

¿De qué forma ha influido el baloncesto en tu vida?

Bueno, a mi mujer la conocí gracias al baloncesto, así que imagínate. Además tenemos una pandilla formada por árbitros y ex árbitros que estamos en contacto y nos vemos de vez en cuando para cenar. Aparte tengo contacto con ex compañeros, entrenadores, gente del baloncesto en general.

El baloncesto en mi vida ha influido todo. Siempre lo digo, gracias al baloncesto he aprendido a ser persona y andar por el mundo. En una ocasión, no recuerdo a dónde viajaba, me tocó ir en el asiento al lado del entonces presidente de la FEB Ernesto Segura de Luna y me decía que viajar abre los ojos a las personas. El que nunca salió de su casa, solo conoce esa realidad y piensa que lo suyo es único, lo mejor.

Habrás conocido gente muy interesante en esos años…

No sería justo nombrando a alguien porque han sido muchas las personas he conocido gracias al baloncesto y con las que he tenido química. Desde compañeros de arbitraje de distintas épocas, hasta algunos entrenadores y jugadores con los que compartí vivencias un poco más tarde, cuando comprendí que el arbitraje no era una especie de círculo endogámico.

Cuéntanos un poco sobre tu carrera.

No voy a presumir de lo que no he sido. Lo máximo que he llegado fue a LEB Oro. Es cierto que cuando subí en el 89 fue una gran noticia, porque era el primer árbitro en A Coruña que ascendía, después de muchos años. Mi única vinculación con la ACB fue después de retirarme: estuve como comisario un año. Tenía que ir a los partidos del Breogán, pero al acabar la temporada descendió el equipo y ahí se acabó mi vinculación. También arbitré muchos torneos de pretemporada con equipos ACB y selecciones nacionales. El primer árbitro coruñes en llegar a la ACB fue Carlos Cortés y antes de llamarse ACB estuvo un año Ramiro Casquero, según me dicen. Si hubo algún otro que me disculpe, lo desconozco.

Todos, el que más y el que menos, sentimos a veces “la llamada de la cancha”… ¿Te sacas de alguna manera el gusanillo?

Creo que el que estuvo de forma intensa en este mundo esa nostalgia siempre la tendrá. Yo estuve un año, no hace mucho colaborando y fue divertido arbitrar de nuevo partidos de niños. Lo que pasa es que la falta de árbitros hizo que al final tuviese que arbitrar mucho más de lo que quería y eso me cansó. Pero he de confesar que un partido de vez en cuando aún me sigue apeteciendo.

Para finalizar, cuéntanos algún hecho que quieras destacar o poner de relieve.

Te voy a contar uno que en su momento no tuvo ninguna gracia pero sí que está de actualidad.

A principios de los 90 mi amigo Xesús Martínez Anta y yo accedimos por medio de unas elecciones al Comité Gallego de Árbitros, él como presidente y yo como director técnico. En aquel momento hicimos una pequeña revolución cambiando las estructuras que había, cosa que en la actualidad, después de 30 años, aún perdura. Entre otras cosas hicimos listas cerradas de árbitros donde estuvieran los mejores para cada categoría independientemente de donde fueran. Como si eran todos de Lugo y ninguno de Coruña.

Bien, en el año 96 teníamos a dos árbitras en la lista de autonómica y las designé para ir juntas a un partido. Causó malestar en varios miembros de la FEGABA, que me lo hicieron saber: les parecía un escándalo y finalmente el Presidente de la Federación me llamó para que cambiase la designación. Le dije que el criterio era ése y que yo no lo cambiaba. Entonces llamó al Presidente del Comité, que le dijo que si yo había hecho eso bien hecho estaba. Conclusión: nos echaron a los dos a la calle. No hace mucho en la página de la FEGABA publicaban con mucho bombo la primera vez que un partido de LEB Oro era dirigido por tres mujeres, de las cuales dos eran gallegas. Como cambió la película…. Pues de aquella gente que se indignó con esto en el 96 aún alguna sigue hoy en la FEGABA, ahora por supuesto aplaudiendo el papel de la mujer en el arbitraje.

No podía ser de otra manera.

 

 

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