Leyendas del basquet coruñés

Espacio dedicado al baloncesto histórico de A Coruña

Y tú que te creías que era esto? …

No recuerdo si fue en 1976 o en 1977 cuando, a raíz de un aviso publicado en La Voz de Galicia, me acerqué a la Federación Coruñesa de Baloncesto (Plaza de Lugo,10, 3º), donde fui recibido por el presidente del Colegio de Árbitros Vicente Javier García González, más conocido por Javier Mekerle. Después de un pequeño (mínimo) cursillo de iniciación, el que coincidí con Francisco Javier Remeseiro Rodriguez, nos dieron la escarapela del Comité Nacional, el carnet de árbitro y nos echaron a las pistas.
 
Entonces vestíamos de gris, cada uno como podía y con lo que tenía por casa, salvo los árbitros de liga nacional, que llevaban polo gris de manga corta con ribetes azules en mangas y cuello. El pantalón, gris de tergal o franela, y los tenis, pues los que tenia de hacer gimnasia en el colegio.
 
El silbato. Durante un par de temporadas usé de los de plástico, con una bola de corcho en su interior, que almacenaban saliva a mas no poder. Al cabo de algún tiempo dí el salto al mítico Balilla, que era igual pero metálico, y tenía la virtud de destrozar los oídos de los que estaban cerca. Con el aprendí (gracias a la colaboración inestimable del que me dió el codazo), que en los “saltos entre dos” no se puede echar el balón al aire con el silbato en la boca. En fin, son cosas que no te enseñan pero aprendes.
 
Mi primer partido fue un sábado a las 16.00 en Santa María del Mar. Pista de asfalto y descubierta. Juveniles Santa B – Bosco. Creo recordar que en los banquillos estaban Jacinto Ruiz o Eliseo Fariña en el Santa y Pepe Garrote en el Bosco. Como arbitro principal José Manuel Ferro y de anotador Javier Mekerle, que hacía todas las funciones de la mesa: anotador, reloj de partido y reloj de posesión (entonces eran 30”).
 
Todavía hoy no sé como no me marché a la mitad. Aunque ya llevaba algunos años en el baloncesto y había “jugado” bastantes partidos, ahora no veía el sitio para colocarme en la pista, el juego iba a una velocidad vertiginosa, yo aún estaba pensando si habían sido pasos o no y ya el balón estaba de vuelta. Y sobre todo, una frase que me acompañó durante varios días: “¡¡¡Bloqueo en movimiento, bloqueo en movimiento!!!”. A todo esto yo era sólo un poco mayor que los chavales que estaban jugando… Menos mal que estaba Ferro para sacar adelante el partido porque lo que es yo…
 
Para rematar el sábado, por la noche me llevó Javier Mekerle a Calasanz a pitar (es un decir, más bien a hacer compañia) con Miguel Blanco en un partido provincial senior del Alca (veteranazos de colmillo retorcido: Ton Ojen, Gantes, Toti, etc…). Señores que podían ser mi padre, que te miraban “aviesamente” (aunque ellos decían que no) y a los que te entraban ganas de pedirles perdón al pitarles una falta (aunque para eso necesité un par de partidos y la pité en un rebote y casi con los ojos cerrados).
 
En fín, que todo fue muy didáctico y como me decía Javier cuando me llevaba para casa: “Y tu que te creías que era esto?”.
Sin embargo, aunque la primera vez duela, con el tiempo da grandes satisfacciones. Prueba de ello es que continué arbitrando y lo hice, mejor o peor según a quien le preguntes, en cientos de partidos durante las diez temporadas en las que estuve colegiado y en las que me pasó “de todo”. Algunas de esas cosas las contaré por aquí.
 
Los hermanos Mekerle (Manolo, Javier y Jorge) fueron de todo en el baloncesto coruñés. Al parecer el apodo les fue dado ya de pequeños, en el colegio, porque eran de Vigo y había un jugador en el Celta que se llamaba así. Cosas…
 
 
 
 
 
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